Valentina
Apago el micrófono. Me apoyo en la barandilla, contemplándola. Ella permanece inmóvil, petrificada, con los ojos clavados en la mesa. El sudor brilla en su frente. Su pecho se eleva a sacudidas.
Vamos, pienso. Muéstrame lo que vales. Muéstrame la grandeza de tu sacrificio... o la extensión de tu egoísmo.
Valentina
Mi cerebro se niega a funcionar. Las palabras aún resuenan en el aire, pero no logro ensamblarlas en un significado. Bebe. O toma la pistola.
Si bebes, tu madre vive. Si te