Valentina
El despertar es una emergencia lenta y dolorosa de un océano de tinieblas espesas. Mi cabeza está pesada, zumbante, como rellena de lana húmeda. Una náusea sorda rueda en mi estómago. Intento moverme, pero mis miembros se niegan a obedecer, entumecidos, separados de mi voluntad por una gruesa capa de algodón.
Mis párpados se levantan con una dificultad inmensa.
Lo primero que veo es un techo. No, no un techo. Una bóveda. Una bóveda adornada con frescos complejos, angelotes y nubes en