ValentinaSu mirada regresa a mí. Recorre mi rostro, lee en él mi terror absoluto, mi repulsión física, la náusea que me retuerce las entrañas, la traición de mi propio cuerpo que tiembla sin control. Y en sus ojos, yo no veo ni remordimiento, ni excitación sádica, ni siquiera satisfacción. Nada. Un vacío profundo, pulido como un espejo negro. Y en el fondo de ese vacío, un destello minúsculo, una curiosidad mórbida, como si observara el efecto de su veneno sobre un animal raro.Entonces se levanta, lentamente, desplegando toda su altura, dominando el espacio a su alrededor, absorbiéndolo. Arroja un fajo de billetes sobre la mesa, mucho más que el precio de la botella. Lo suficiente para pagar la limpieza, el silencio y el alma de todos los testigos. Se acerca a mí. Mis pies están sellados al suelo, mi cuerpo se niega a obedecer. Estoy clavada, petrificada por esa mirada que vuelve hacia mí, engulléndome.Se detiene tan cerca que puedo oler de nuevo su olor, esta vez mezclado de forma
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