Mundo de ficçãoIniciar sessãoValentina
La jornada del duelo se estira, lenta y torturante como una fiebre. Cada minuto es un siglo. Mamá deambula por el apartamento, silenciosa, sus manos sin cesar de ocuparse en tareas inútiles —limpiar lo ya limpio, ordenar lo ya ordenado—. Evita mi mirada. Hemos agotado las palabras. Solo queda esa espera sofocante, y la certeza helada de que, esta noche, algo va a romperse.
Me preparo sin saber para qué. Me pongo ropa oscur







