Richard sonríe de una manera perturbadora, casi psicópata, porque realmente ansiaba llegar a esa pregunta exacta para infligir el golpe de gracia al orgullo del capo ruso que yace derribado en el suelo, utilizando el sufrimiento psicológico de la joven como el instrumento perfecto para quebrar la dominación carnal que Adrián ha ejercido en la suite principal durante semanas.
–¿Acaso recuerdas el pacto sagrado que sellamos aquella noche de terror en los almacenes del muelle, Adrián, ese juramen