–Ella tiene el derecho absoluto de saber la verdad de su sangre, esa verdad oculta que el gran y todopoderoso Adrián Volkov no quiere decirle por puro temor a que descubra al monstruo que realmente se esconde detrás de sus trajes de diseñador –dice Richard, ensanchando su mueca despectiva a pesar de sentir el frío del cañón de Adrián aplastándole la piel de la cabeza, buscando desestabilizar la poca cordura que le queda a la joven. – ¿O es que acaso el temido jefe del consorcio tiene un miedo c