La frialdad del cañón de titanio contra la piel de Valeria se desvanece en una fracción infinitesimal de segundo, cuando la locura posesiva que rige el universo oscuro de Adrián Volkov se enciende con una violencia ciega e incontrolable que lo empuja a arrastrar su cuerpo herido sobre el parqué destrozado de la mansión corporativa. En un milisegundo de pura desesperación territorial, impulsado por el terror absoluto de ver el cuerpo de su cautiva destrozado por el plomo de su enemigo, Adrián ut