Valeria comienza a dar vueltas por la habitación de manera caótica, con las manos presionadas contra las sienes y el camisón de seda blanca flotando a su alrededor como el fantasma de su propia libertad perdida en esa mansión.
La desesperación le nubla el juicio mientras sus pies descalzos hunden la costosa alfombra persa, obligándola a procesar simultáneamente la desaparición de su madre, las palabras amenazantes de Adrián y las hojas del informe forense esparcidas sobre el colchón que detal