–¿De dónde demonios sacaste ese apellido que acabas de pronunciar, Valeria? –pregunta Richard, y Valeria se da cuenta inmediatamente de su nerviosismo por el tono alterado y la respiración agitada que sustituye la calma artificial que exhibía hace unos segundos. – Veo que has estado leyendo algún tipo de información que el maldito de Adrián te está dando para que comiences a dudar de la persona que ha arriesgado su vida entera para sacarte de ese contrato de sumisión que te ata a su fortuna.
–