Horas después
Cuando el reloj digital de la mesa de noche marca exactamente las tres de la mañana y el ambiente del santuario privado parece congelarse por completo, el celular personal de Adrián comienza a sonar con una vibración estridente que rompe el silencio como un latigazo metálico, provocando que mi corazón dé un vuelco violento dentro de mi pecho por culpa del pánico acumulado en estos días de encierro.
Adrián se reincorpora en las sábanas de seda con una tranquilidad pasmosa que d