–Colócate esto de inmediato y apresúrate, porque sabes perfectamente que no me gusta esperar ni un solo maldito segundo –dictamina Adrián Volkov con una voz que vibra baja, ronca y cargada de una posesividad latente en la penumbra del despacho privado, extendiendo sus brazos largos para entregarle una enorme caja de cartón negro satinado con el emblema en relieve de la dinastía rusa.
Valeria recibe el paquete sintiendo el peso del misterio entre sus manos, mientras clava sus pupilas esmeralda