UNA HORA DESPUES
–¿Qué estás haciendo ahí parada frente a la puerta del directorio, Valeria? ¿Acaso estás esperando que alguno de mis hombres te redacte una invitación formal para que te dignes a cumplir con tus obligaciones? –la voz de Adrián Volkov corta el aire del pasillo alfombrado con la precisión de una cuchilla fría, deteniendo en seco el andar de los ejecutivos que se amontonan en la entrada con carpetas de cuero entre las manos.
Valeria sostiene la bandeja de plata con los vasos de