Mi silencio pareció divertirlo aún más. Lucas se enderezó, tamborileando los dedos contra el hierro frío con una calma que parecía ignorar por completo mi creciente tensión.
—Ah, lo entiendo —dijo al fin, llevándose una mano al pecho como si estuviera compadeciéndome—. No es fácil enfrentarse a los fantasmas del pasado. Pero tranquila, estoy aquí para darte todo mi apoyo emocional… y un poco de sarcasmo gratis, porque soy generoso.
—¿Podrías dejar de ser tan imbécil por un segundo? —contesté.
S