Adri
Me senté en el café, en el banco junto a la ventana, mirando desde la acera la limusina que esperaba frente a Morales Communications. Había sido una semana larga, y hoy se sentía especialmente plana.
Era jueves—día de masajes.
Una visión se encendió en mi mente: Diego, aceitado sobre la camilla, las manos de otra mujer recorriendo su cuerpo. Mi estómago se apretó con solo pensarlo. Mi mente jugaba con crueldad, mostrándome el peor escenario de “porno de la realidad” de la historia.
Gio… to