Adri
Eran las cuatro de la tarde. Seguía en pijama y el día había sido una mierda. Después de despertarme en un sueño junto al hombre más guapo del planeta, Diego Morales—el imbécil del CEO—había hecho acto de aparición y arruinado todo.
Para ser honesta, me arrepentí de no haber ido a su departamento a desayunar. Pero, pensándolo bien, quizá me alegraba de no haberlo hecho… porque no habría descubierto a Carmen, su masajista.
Se lo follaban.
Odiaba que eso me molestara. Odiaba sentirme apegada