Adri
—Dios mío… ¿qué demonios hacía Diego aquí? —retrocedí frente al rubio y él me agarró, tirándome hacia él.
—No —gruñó.
—Tú no —bufé. Diego me arrebató de los brazos del tipo y me sostuvo contra su pecho—. Te dije que ella está conmigo —repitió.
El chico me miró, y yo asentí suavemente. No quería problemas; solo quería que desapareciera.
—Estoy con él —susurré.
Con una última mirada entre Diego y yo, el rubio se dio la vuelta y se marchó hacia la barra. Me giré hacia Diego Morales, el cabrón