Mundo ficciónIniciar sesiónLa luz matutina entraba en los aposentos de la princesa Elyra, proyectando un resplandor dorado sobre las cortinas de lino y la alfombra bordada con hilos de plata. Lythienne, su doncella de toda la vida, se encontraba de pie tras la rubia, entrelazando con destreza los mechones sedosos en una trenza en medio de su cabeza, dejando el resto de su cabello suelto como una cascada dorada, Elyra observaba su reflejo en el espejo de bronce con expresión serena, sus ojos, de un azul tan claro como las aguas heladas del norte, destellaban con una emoción contenida. Era el día del combate. El día en que probaría a todos —incluido su padre— que no era solo una princesa de sangre real, sino una guerrera nacida del fuego y el acero.
Lythienne no compartía su entusiasmo. Sus manos temblaron ligeramente al ajustar la última hebra del peinado. —Mi princesa, no debería participar en el combate —susurró la castaña con el ceño fruncido—. Ese tal Sir Elior se ve muy peligroso. Elyra sonrió con suficiencia y se levantó de su asiento. —Estaré bien, Lythienne— La doncella mordió su labio con preocupación, sabía que no lograría convencerla, pero su deber era intentarlo. —Su padre... —intentó decir, pero la rubia la detuvo con un simple gesto de su mano. —Mi padre es lo que menos me importa. Tal vez le tema más a Vaedrik— Su voz tenía un deje de burla cuando mencionó el nombre de su hermanastro, Vaedrik, el príncipe heredero, siempre había sido la sombra que la acechaba, el hermano que jamás la había visto como una igual, pero hoy no le importaba lo que pensara —Pero debo ponerme a prueba —susurró con emoción contenida—. Quiero ver si los entrenamientos con Lord Eddar han servido de algo. Lythienne suspiró, rindiéndose ante la determinación de su princesa, sabía que no podía hacer nada para detenerla. —Usted sabe lo que hace, mi dragona—Elyra la miró con ternura y tocó suavemente su mejilla. —Ya estás grande y no dejas de ser bella— La doncella se sonrojó, pero Elyra ya se había girado hacia su armadura de batalla, reluciente y perfectamente ajustada para su cuerpo. ✦✧✦ La plaza de Valatharys estaba repleta. El sonido de cientos de voces mezclándose en un murmullo de emoción y expectativa llenaba el aire, desde los balcones y terrazas de piedra, la gente observaba el campo de combate, una arena de tierra endurecida con bordes marcados por estacas de madera, el sol brillaba en lo alto, reflejándose en las armaduras y espadas de los caballeros que esperaban ansiosos el enfrentamiento. En el estrado real, el rey Margot se sentaba en su trono con expresión severa. A su derecha, la reina Elthara mantenía su porte elegante, aunque su mirada parecía vagar en busca de algo —o alguien—. A su izquierda, Vaedrik se mantenía firme, los ojos afilados como dagas al notar la silla vacía de su hermanastra. —¿No sabes por qué no ha venido Elyra? —preguntó el rey a su hijo en voz baja. Vaedrik se inclinó levemente. —No la he visto desde el desayuno—El ceño del monarca se frunció. —Ojalá no haga una estupidez como siempre...— No terminó la frase, porque la multitud estalló en vítores. Sir Elior había hecho su entrada, alto, imponente, de músculos bien definidos bajo la armadura negra y dorada, su capa ondeaba con el viento mientras hacía una reverencia ante la familia real, su espada, una bestia de acero afilado, colgaba de su cinto, los aplausos cesaron cuando otra figura entró en la arena. Vestida con una armadura de placas finamente trabajadas, con detalles de dragones esculpidos en los guanteletes y hombreras, la silueta de Elyra se movía con la gracia de un cazador, sus pasos eran silenciosos pero seguros, su casco ocultaba su identidad. Un silencio inquietante cayó sobre la multitud cuando el misterioso guerrero hizo una reverencia y luego, con un movimiento fluido, se quitó el casco. Su cabello rubio cayó en cascadas sobre su espalda. —¡Joder! Esto es demasiado caliente. ¿Cómo lo soporta Sir Elior? —murmuró con fastidio, sacudiendo su cabeza. El asombro recorrió las filas de espectadores como una onda expansiva, en el estrado, el rey Margot se puso de pie de un salto, su rostro enrojecido de ira. —¡Qué demonios haces, Elyra!— La princesa levantó su espada con calma exasperante. —Divertirme— No hubo más palabras. Sir Elior desenvainó su espada, su filo centelleando con un brillo letal, Elyra hizo lo mismo. El combate comenzó. El primer choque de acero contra acero resonó como un trueno, Elyra se movía con velocidad, esquivando los ataques brutales de su oponente con giros gráciles y pasos ágiles, la multitud jadeaba con cada golpe, con cada esquive, con cada destello de acero reflejando la luz del sol. Sir Elior lanzó un tajo lateral, Elyra se agachó y rodó sobre su hombro, clavando su espada en el suelo para impulsarse de nuevo a la ofensiva, sus movimientos eran como una danza letal, una que había practicado en las sombras durante años. El último golpe lo hizo ella. Su espada pasó como un relámpago junto a la garganta de Sir Elior y se detuvo a milímetros de su piel, la multitud contuvo el aliento, Elyra, con una sonrisa burlona, bajó su arma. —¿Te rindes? —susurró. Sir Elior, atónito, dejó caer su espada, el silencio solo duró un instante, el estruendo de la bofetada se escuchó en toda la plaza, Elyra sintió el ardor en su mejilla antes de procesar lo que había sucedido, su padre, furioso, la miraba con ojos encendidos. —¡Insolente! —rugió el rey Margot—. ¡Me has desobedecido por última vez! La rubia alzó la cabeza con orgullo y, con toda la fuerza de sus pulmones, gritó: —¡Zhaerys!— El sonido de alas gigantes rasgando el aire sacudió la plaza. Desde las alturas, el dragón descendió en picada, aterrizando frente a su jinete con un rugido que hizo temblar la tierra, sus escamas doradas reflejaban el sol como si estuviera envuelto en fuego líquido, Elyra montó de un salto y, antes de partir, Zhaerys giró su cuello hacia el rey y rugió con toda su furia, un sonido profundo y temible que hizo retroceder a más de un caballero. Pero cuando Elyra y su dragón se alzaron en vuelo, otro rugido retumbó en los cielos, Vaedrik, montado en su propio dragón, Vaerion, los perseguía. Como siempre.






