El fuego de los candelabros danzaba en los muros de piedra, proyectando sombras que parecían figuras fantasmales en el salón del banquete, la mesa principal estaba repleta de manjares: carnes asadas, frutas en su punto exacto de maduración, panes recién horneados y copas de vino que resplandecían bajo la luz cálida de la estancia, las risas y murmullos de los nobles llenaban el aire, mezclándose con el sonido de cubiertos chocando contra los platos de plata, yo estaba sentada entre mi padre, el