LA SOMBRA QUE CAMINA

Los ojos de Zubek, tan rojos y salvajes, de repente no mostraron otra cosa más que dolor. Un dolor tan profundo que Artemis sintió en su propio corazón y entonces, con un movimiento que debería haber sido imposible para algo tan masivo, Zubek presionó su frente contra el pecho de Artemis, sobre su corazón, y se quedó ahí.

Artemis estaba temblando, esperando. Como si estuviera pidiendo algo que no podía expresar con palabras. Posiblemente una caricia de su mate.

—Está pidiendo perdón por los año
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