El viento helado cruzaba las ruinas de una casa olvidada, acariciando las grietas en las paredes como un recordatorio del tiempo que había pasado. Ocho años. Ocho largos años desde que Varek había pisado aquel lugar que una vez llamó refugio. Ahora, no era más que un mausoleo de recuerdos rotos y promesas incumplidas.
Cada paso que daba resonaba en el silencio, acompañado por el crujir del suelo bajo sus botas. La presencia de Aisha llenaba el aire, vivo pero frágil, como una chispa que se nieg