Al amanecer, la mansión se envolvía en un frío inusual, como si el alba misma contuviera la respiración, presagiando algo que aún no había sido revelado. Aisha bajó a desayunar junto a Cristal, pero algo no cuadraba. Lionel no estaba allí, y su ausencia pesaba en la atmósfera como una sombra.
Cristal, siempre impecable y radiante, cortaba trozos de fruta fresca con una elegancia ensayada. Su sonrisa era tan medida que rozaba la impostura, como si cada gesto estuviera destinado a ocultar una verd