«Mi conciencia intranquila agitaba mis emociones como un huracán, desafiando el equilibrio que creía haber alcanzado. Palabras susurradas que contradecían las mías evocaban un final que no podía ignorar.»
El grito de Salomón retumbó en los túneles oscuros, rebotando entre las paredes húmedas y cubiertas de musgo.
—¡SANATHIEL!
Su voz cortó el aire, llamando tanto a los vivos como a las sombras que los acechaban.
Las bestias, como una ola deforme, se precipitaron hacia él, moviéndose con una rapid