Aisha observaba el tiempo pasar desde el interior del vehículo cerrado. El calor la rodeaba como un abrazo incómodo, aumentando su ansiedad. Sanathiel aún no regresaba, y la reciente experiencia en la sala de castigo mantenía sus pensamientos en un constante torbellino. Dio un sorbo de agua y, sintiendo la necesidad de tomar aire, decidió bajar del auto.
El aire sofocante del exterior no alivió su inquietud. Apenas había cerrado la puerta cuando un hombre de traje negro se materializó frente a e