El día del funeral de Itzel amaneció lluvioso, como si el cielo compartiera el duelo de todos los presentes en el cementerio. Las figuras vestidas de negro se aglomeraban alrededor de la tumba, mostrando respeto y luto por la pérdida de la esposa de Enrique. Entre ellos, Sanathiel permanecía al margen, observando la escena con una mezcla de indiferencia y satisfacción.
En la distancia, miembros de la Casa Verona se llevaban discretamente el cuerpo de Itzel para entregarlo a la Comunidad de los