La memoria de aquel día oscuro en el "Albergue de los Bienaventurados" seguía atormentando a Sanathiel. El fuego devorando ese lugar, que ocultaba secretos atroces bajo una fachada de caridad, se había convertido en una cicatriz imborrable en su mente.
Sanathiel recordaba con claridad el frío que se apoderaba de su cuerpo mientras sostenía a un niño en sus brazos, luchando por protegerlo de un destino cruel. La fachada de bondad de ese lugar se desmoronaba ante sus ojos, revelando un horror ini