La oscuridad lo cubría todo. El sol no se alzó aquella mañana, y Sanathiel, con los ojos clavados en el horizonte, sintió el peso de la pérdida como un golpe en el pecho.
Varek había caído, y con él, la última barrera que separaba al mundo humano del caos absoluto.
—El día no llegará, —susurró, su voz un eco entre los suspiros de los Nevri a su alrededor.
Aullidos desgarradores rompieron el silencio. Bestias surgían de todas partes, criaturas descomunales con piel pegada a sus huesos y ojos ro