61. INICIA EL ATAQUE
CADE
—Hola, preciosa —susurro, con el eco de mi alma en cada sílaba—. He venido por ti.
Veo la confusión en su rostro y entonces su olor llega a mí.
Ella ya no es mía. Su alma no me reconoció.
Estoy a solo unos pasos de ella.
Puedo olerla y mis alarmas se encienden.
Su aroma ya no está mezclado con el mío.
Ese brillo en la mirada que observo, ahora le pertenecen a él.
Pero ahora... ahora ni siquiera me reconoce.
Sus ojos me atraviesan como si fuera cualquiera.
Uno más entre la multitud.
Un desc