62. UN NUEVO ENEMIGO
El campo de batalla era un caos tapizado de cuerpos y heridos de ambos bandos. El olor a sangre, metal y tierra quemada se mezclaba con la adrenalina y el rugido de mis hermanos de manada. Tras ellos una figura sobresalía imponente alzándose frente a mí.
Alto. Imponente. De hombros anchos y postura arrogante.
El líder de este ataque.
Vestía una túnica oscura que ocultaba sus rasgos por completo. El viento no alcanzaba a moverla, como si una energía invisible lo envolviera. No llevaba capa, pero