54. REVITALIZANDO CON SANGRE
El camino de regreso fue más largo y tortuoso de lo que debería. En la manada nos recibió entre vítores que retumbaban como tambores de guerra celebrando un triunfo. Pero no era por mí. Era por ella.
Por la Luna.
Mi Luna.
Alcé la mano en señal de saludo, dibujando una sonrisa mecánica. No tenía energía para más. Solo pensaba en llegar con ella al médico.
La deposito sobre la cama y el hombre inicia inmediatamente su análisis para determinar su estado.
—Hay buenas noticias… y otras que no lo son