29. MENTIRAS BIEN ESCONDIDAS
Debo admitir que Cade me sorprendió.
No creí que tuviera el temple para sostenerse bajo presión, ni la inteligencia para ejecutar algo tan cuidadosamente calculado. Siempre lo vi como lo que parecía: un muchacho mimado, criado en la comodidad de un linaje poderoso, acostumbrado a que el mundo le abriera paso con una sonrisa. Pensé que, enfrentado a la humillación, haría una pataleta y se incriminaría sin querer, movido por el ego herido.
Pero no.
En lugar de eso, se presentó ante el consejo com