28. JUEGOS Y UNA CELDA
No me gustó el lugar desde el primer segundo.
Desde afuera parecía un edificio de oficinas cualquiera. De esos donde los humanos arrastran sus miserables vidas de nueve a cinco, con café barato y sueños rotos. Pero bastó cruzar la entrada para saber que ahí dentro no se respiraba burocracia, sino control.
Ni mármol, ni alfombras, ni símbolos de nuestra historia. Solo metal, concreto… y un silencio que se espesaba con cada paso. Las miradas se clavaban en mí. Algunas con sorpresa. Otras, con des