26. CONDENADOS IV
—Llama a Eriks dile que lo necesito —Hades se marchó y llamó al chico.
Sin embargo él estaba muy ocupado jugando con las piernas de Irina que temblaban de placer, tal vez sujetarlas a la silla había sido la mejor idea que jamás había tenido. Pero los duros golpes a la puerta lo sacaron de su arduo trabajo.
—¡Carajo! ¡¿Te volviste jodidamente sordo, Eriks?! —le gritó Hades, pero cuando vio el rostro desencajado, sus labios rojos y ese pelo alborotado que siempre estaba en su lugar, entendió todo