David se incorporó con elegancia y un gesto imperioso que llamó la atención de todos los presentes. El muelle entero parecía obedecerle: las voces se apagaron y las miradas se volvieron hacia la figura que ahora apuntaba a Caleb como si señalara la llegada de un nuevo capítulo.
—¡Muchachos! —anunció con voz fría—, este es Caleb. A partir de hoy, él toma las riendas de las rutas y la distribución. Lucio ya no está. Y quien no entienda la diferencia entre ordenar y obedecer, que se busque otro of