Caleb la observó unos segundos en silencio. Sus ojos, cansados por años de lucha, se llenaron de una tristeza profunda que parecía venir de lo más hondo de su alma.
Negó lentamente con la cabeza.
—No… —dijo con voz baja, áspera—. Eso… solo sucederá cuando me lo gane. No mereces dormir al lado de un perdedor e inútil como yo, tu solo mereces la elegancia y dormir con comodidad. ¡Sin que te estorbe mi desgracia!
Rous frunció el ceño, incrédula. —¿Ganártelo? Caleb, no tienes que… —intentó acercars