Rous del futuro supo que había ganado algo más que una concesión cuando el silencio volvió a instalarse entre los tres. No fue un triunfo ruidoso ni inmediato; fue uno de esos acuerdos que se sellan en la mirada, en la tensión contenida, en la certeza de que nadie salía ileso.
—Cincuenta por ciento —dijo ella finalmente, con la voz firme, sin alzarla—. Ni un punto menos.
Caleb la observó como si intentara descifrar en qué momento exacto aquella mujer había dejado de ser predecible. Milán, en ca