En el futuro todo estaba en arranque, pero Milán continuaba con el deseo reprimido. El trayecto hasta la empresa de exportación se hizo en un silencio cargado, no incómodo, pero sí denso, como si cada uno de los tres estuviera ordenando piezas internas antes de que todo comenzara a moverse de verdad.
La ciudad pasaba frente a los vidrios polarizados del vehículo con su ritmo habitual: gente vagando, semáforos cambiando de color sin saber que, en unas horas, algo grande iba a quebrarse bajo esa