Aquella declaración golpeo como el acero golpea el vidrio a Caleb, retrocedió tanto como un disparo hace retroceder al mas valiente. No lo estaba lastimando superficialmente, ella estaba hiriendo su orgullo, aquella seguridad que solo él podría desecharla y ella jamás podría siquiera intentar confrontarlo.
Ella lo observó, ella notó que había herido casi que de muerte al hombre que juró protegerla pero que ahora estaba buscando la menor ruptura para eliminarla, para deshacerse de ella y quedarse con todo lo que él había forjado y obtenido a través de su nombre y su reputación.
—¿Qué acabas de decir? —le preguntó Caleb formulando un nombre en su cabeza—. ¿Lo conozco?
Rous no sonrió, pero su rostro era atemorizante. —¿Conocerlo? No lo creo, el es completamente diferente, como al Caleb que conocí en aquel viejo roble. Honesto, sincero, lleno de emociones para dar y desvivirse de ser necesario para proteger lo que realmente importa.
—Entonces admites que aparte de aquella ocasión en el ho