El nuevo departamento era un templo de vidrio y mármol.
Las luces tenues se encendieron automáticamente cuando Caleb abrió la puerta, revelando un espacio que parecía flotar sobre la ciudad. Las ventanas panorámicas dejaban ver el horizonte iluminado, los sillones de cuero gris contrastaban con el brillo del piso de mármol, y el aroma a nuevo impregnaba cada rincón. Caleb se quedó inmóvil, con la respiración contenida, como si no quisiera perturbar la perfección del lugar.
—Rous… —susurró, con