Las palabras de Milán causaron indignación al instante, alteraron los sentidos de Caleb y el celo de involucrar a su esposa en los negocios sucios. Dejando caer un golpe seco en la mesa con el puño, grito entre reclamos. —¡Estas loco! ¿Cómo puede siquiera pasar esa idea por tu maldita cabeza? —la indignación y la colera era desmedida, diciendo rápidamente—. ¿Dónde están los millones que pagas para que el cargamento continue sin etiqueta? ¿Acaso no son suficientes los millones que se desembolsan