El destino comenzó a tomar forma, a encajar sus piezas como deberían estar y sin alterar el rumbo de la vida de cada uno en su tiempo. Pero para Rous del futuro la vida que el mundo le ofrecía no era siempre lo esperado, ella deseaba más sin poder dejar a Caleb, por un lado.
Luego de responderle a Rous, Milán bajó primero y le ofreció la mano. Su tacto era firme, pero había en él una extraña ternura, como si quisiera demostrar algo que no era fácil de hacer sentir.
Rous dudó, pero lo siguió. La