El sonido de la tela rasgándose fue el anticipo de un gemido ahogado que escapó de la garganta de Chelsea. Milán, con la paciencia de un depredador que ha esperado toda la noche, apartó los hilos húmedos del blúmer. El aire de la noche, impregnado con el aroma a perfume, tabaco y coñac se mezcló de repente con su fragancia intensa y personal, un olor que lo hizo perder el control por un instante.
Sus labios, finalmente libres, no dudaron. El primer contacto fue un trazo lento y deliberado que h