Milán en su pasado estaba alterando el futuro, ese futuro que parecía que comenzaba a quebrarse y sin una cura para remendar ese futuro quebrantado por las decisiones de un pasado alterado por Rous del futuro.
Caleb en compañía de Rous del futuro, encontrándose una vez más entre las sábanas que habían olvidado el olor de sus pieles. Caleb poético y amante de Rous no dejaban de expresarse con el mismo amor y el mismo deseo que conservó por años por ella, pero que ahora estaba dispuesto y preparado a abandonar por esperar a quien considero que era la verdadera Rous, esa que perdió en su futuro y ahora la reencontró en un pasado que no conocía y que posiblemente nunca llegaría a conocerlo.
Caleb la contempló bajo el reflejo de la habitación, se convirtió en un faro en la inmensidad de la noche. Rous, la Rous de este tiempo, con los ojos todavía llenos de la curiosidad de un amor que no ha sido herido. Sus dedos trazaron la línea de su mandíbula, un mapa de un territorio que había explora