El sol de la mañana bañaba Roma con una luz dorada que a Brany le parecía una burla cruel. La belleza de la ciudad había perdido su encanto, manchada por la amarga verdad. No había dormido. Había caminado durante horas, perdida en un laberinto de callejones y recuerdos, cada uno envenenado por la duda. ¿Era Sergey sonriendo en la nieve? ¿Era Andrey observándola con frialdad en su sueño? ¿Cuál de ellos era real? La conclusión era la más dolorosa: ninguno.
Regresó al apartamento con el cuerpo pes