Capítulo 32

Andrey dio un paso adelante, cerrándose la distancia. El aire entre ellos vibraba. —¿Sabes lo que pides? ¿Sabes lo que sería para mí verte sentada en una sala de interrogatorios, sometida a esa presión, por mi causa? Sería una tortura peor que cualquier cosa que puedan hacerme a mí.

—Es la única manera —insistió ella, alzando la barbilla—. Si tú caes, todo cae. Y yo… yo ya estoy perdida si tú no estás. Lo supe en la plaza. Lo supe bajo la lluvia. Así que déjame hacer esto. Déjame ser tu jugada
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