Aiden Harrington
Son las tres de la madrugada y el dolor en mi espalda y en mis caderas me están matando. Camino por la habitación de un lado a otro. Las contracciones son fuertes, pero me niego a despertar a todo el mundo otra vez para nada. Tendré a mi hijo aquí.
Los minutos pasan. Las contracciones llegan cada vez más seguidas y el dolor se vuelve casi insoportable. Este nivel de dolor no lo había sentido antes. Siento como si mi piel estuviera demasiado sensible, como si fuera a desprenders