Trae mucha ropa de abrigo, jamás le gusto el invierno, la humedad –Que aquí abunda- los días fríos. Y Aiden en sus brazos parece que está envuelto en miles de mantas térmicas.
—Volvió a Londres. — Le tiendo la taza de café recién preparado y le quito de los brazos a nuestra oruguita envuelta.
Está despierto, sus mejillas rosaditas son toda una ternura. Es igual a ella, de mí solo heredo el color azul de sus ojos y el cabello negro. Su perfume me tienta a querer besarle toda la carita.
—Hola amo