Peter levantó de nuevo su arma, y Roisin, sin un atisbo de miedo, metió la mano en la capa llena de joyas y sacó la pistola de oro que su padre le había regalado, un símbolo de protección y poder. En un instante, la apuntó directamente a la cabeza de su esposo, el enemigo que había traicionado todo lo que amaba.
—¡Veremos cuál de los dos sale con vida de aquí, hijo de puta! —su voz cortó el caos, firme y helada, resonando entre los murmullos y los sollozos de los invitados atónitos.
Un destello