—¿Algún interés romántico con su jefe?
Mi padre pone una de esas caras de absoluto desagrado.
—No. Robert amaba a su esposa, jamás la engañaría. La mujer, antes de morir, confesó que fue su hermano quien la obligó a hacerlo.
—¿Antes de morir?
Asiente. Una sonrisa perversa cruza sus labios.
Oh… entiendo.
—¿Vas a contarme por qué tienes esa cara? —Cambia de tema. — Es como si estuvieras frente a una bomba.
Literalmente así es como me siento.
—¿No te parece extraño que todo esté tan tranqu