Declan alza una de sus cejas y, con una diversión apenas disimulada, dice:
—¿Cuál de todos los trabajos? ¿El de la mafia o los trabajos legales?
Casi me ahogo con la presa de pollo que estaba tragando. El sabor de las especias se me queda atorado en la garganta y empiezo a toser mientras mi padre estalla en una carcajada grave que retumba en el comedor como si aquello fuera el mejor chiste de la noche.
—Tranquila, hija. Tu esposo de papel me avisó que venían a casa y les di permiso. Supongo que