Las enormes rejas comienzan a abrirse con un chirrido metálico que rompe el silencio del lugar.
El camino hacia la mansión está flanqueado por árboles altos que proyectan sombras largas sobre el pavimento, y las luces exteriores iluminan apenas lo suficiente para ver la fachada imponente de la casa cuando finalmente se alza frente a mí. Es grande, demasiado grande, como todo lo que rodea a esa familia.
Estoy ansioso como nunca antes.
Todavía no sé qué excusa le daré a mi mujer por aparecer aquí